Por Vanessa María Olivares
¿Qué lugar cree que ocupa Escalera para Electra dentro de la producción literaria de Aída Cartagena Portalatín?
La historia de la literatura nos enseña que la valoración de las obras literarias no es algo que pueda resumirse fácilmente en juicios individuales, pues toda idea de valor es necesariamente histórica (y por tanto, necesariamente cambiante), dialéctica (y por tanto, necesariamente racional) y contradictoria (y por tanto, necesariamente ajena a toda clase de binarismos). Eso mismo aplica para los intentos desplegados por algunos colectivos interesados en elaborar unilateralmente “listas” y “cánones” que muchas veces responden a gustos personales u orientaciones ideológicas. Por eso, me atengo a responder su pregunta “al pie de la letra”, es decir, evitando formular cualquier tipo de juicio de valor.
En un trabajo inédito, he escrito recientemente que: «Escalera para Electra es la novela de la imposibilidad, o por lo menos, de la dificultad de escribir una novela. Los principales argumentos en favor de esta hipótesis serían, aparte del mismo trabajo de escritura del texto, la cita de Jean-Paul Sartre que figura en el "Capítulo sin número" y la referencia a las ideas de Robbe Grillet sobre la novela que se comentan en el capítulo 29. El persistente juego de máscaras textuales que la autora lleva a cabo con el personaje de Helène le permite dejar constancia de esta dificultad sin “dar la cara”, como se dice comúnmente. Esto no solamente coloca a este libro de Aída Cartagena en la incómoda posición de ser una de las primeras obras de literatura experimental escritas en nuestro país, sino que permite homologarlo en cierta forma con otros libros de la misma autora pertenecientes a otros géneros (aunque sobre todo con Yania Tierra, poema en el que la voz crítica de la autora retoma numerosos pasajes de la historia dominicana en los que la mujer ha tenido un rol preponderante, ya sea como agente de cambio o como víctima del poder).
¿Qué aspectos distinguen esta obra de otros textos de la autora?
En primer lugar, se trata de un texto fragmentado y complejo, atravesado por collages, referencias y citas y con múltiples microrrelatos que se entrecruzan y divergen en varias direcciones. En ese sentido, la diferencia principal es su polimorfismo (el texto se “deshace” componiéndose o se integra a partir de fragmentos de distintas índoles: biografía, autobiografía, ficción, historia, crítica ideológica, crítica literaria, etc.) y su heterotopía (la historia contada se desarrolla en varios tiempos y en distintos lugares: Moca, la Acrópolis griega París, etc.).
En segundo lugar, y directamente relacionado con lo anterior, puede decirse que Escalera para Electra es una obra singular en la producción de Cartagena Portalatín debido a la particular inscripción que la autora realiza de su universo personal en esta novela. Esto último resulta ostensible incluso para quienes están más o menos familiarizados con la escritura poética subjetiva que esta autora despliega en sus momentos “nocturnos”. En un sentido más general, no obstante, en Escalera para Electra, Cartagena Portalatín nos abre las puertas de su mundo personal y se nos muestra tal como era en vida: un sujeto polimorfo que integraba en su mente distintos tipos de competencias como narradora, poeta, historiadora y crítico de arte y conocedora de las tendencias más innovadoras de la narrativa de su época. Todo esto es lo primero que salta a la vista de quienes abordan por primera vez la lectura de esta novela.
¿Por qué cree que Aída.Cartagena Portalatín decidió hacer un paralelismo entre el mito de Electra con la historia dominicana?
Mi hipótesis se relaciona con lo que la misma autora expresa en distintos pasajes de esa novela en los que parece escudar su opinión personal detrás de citas de autores como Joseph Campbell, Freud o el mismo Malinowsky. No obstante, una manera de comprender el verdadero sentido de su trabajo como escritora en Escalera para Electra nos la ofrece ella misma en una entrevista que le concedió a la escritora Ángela Hernández, donde dice: «Tengo para mí que el testimonio auténtico es la transcripción de hechos reales que obligan al autor a revestirse de coraje para el enfrentamiento. Los momentos históricos que nos ha tocado vivir deben ser enfocados desde todos los ángulos en que se mueve nuestra vida política, económica y social. Esa sinceridad contribuyó a que Zola y Balzac sean además de literatos, parte de la historia social de Francia» (texto disponible en: www.angelahernandeznunez.com/2013/11/Aída-cartagena-portalatin-en-el-siglo.html (acceso de julio de 2025).
Concebir la escritura como “testimonio” es un atajo cognitivo que le permite a la Cartagena Portalatín obviar o minimizar las diferencias entre el texto y la vida: lo que ocurre en la realidad puede (y “debe” según su criterio ético) pasar a constituirse en “materia” (escribir sobre o acerca de aquello que la sociedad vivió) o “material” (escribir “con” lo que la sociedad vivió), de o para la escritura. Es por eso que la autora atraviesa el texto de su novela con numerosas citas tomadas de la versión que ofrece Esquilo del mito de Electra.
No es casual que la Cartagena Portalatín haya preferido la versión de ese mito que compuso Esquilo y no la de Sófocles, ni la de Eurípides ni la de Jean-Paul Sartre (a pesar de su marcado interés por las ideas de este último sobre la novela y la política de su época). Esquilo presenta el matricidio como un mandato divino ineludible donde el peso de la culpa recae en la justicia de Apolo. La Cartagena Portalatín nos presenta al matricidio que comete Swain no tanto para vengar a su padre como para librarse del recuerdo de la complicidad de su madre respecto a las abominaciones que cometía con ella su progenitor.
Es en este punto donde vale la pena considerar el sentido del pasaje siguiente de Escalera para Electra: «Pertti Perto anota que los naturales de Trobiand, al igual que los licios de que cuenta Heródoto, tienen una organización familiar de un régimen matriarcal, en la que Malinowski creyó encontrar objeciones a la teoría freudiana del complejo de Edipo. Para Freud todos los pueblos del mundo experimentan el problema tipificado en Edipo y que consiste, por una parte, en una larga represión del deseo sexual nacido hacia la madre y, por otra, un sentimiento de agresividad nacido por celos, en contra del padre. Entre los isleños de Tobriand encontró Malinowski que el sentimiento de culpabilidad sexual por experimentar deseos prohibidos no involucraba a la madre, sino a la hermana. Estos datos etnográficos obligan a revisar muy rigurosamente la teoría psicológica freudiana. Señora Helene, biógrafa de Swain, ¿guarda alguna relación esa nota con la vida de Swain?» (pp. 29-30 de la edición de la Editora Nacional (2023) de Escalera para Electra).
Lo que ese pasaje parece querer decirle al lector es que la historia que se cuenta en la novela no se acoge a la explicación psicoanalítica del complejo de Electra que ofreció Jung (y no Freud como indica erróneamente la Cartagena Portalatín), sino a los datos que aportó Malinowski respecto a la conducta de los naturales de Trobiand.
¿Cuáles considera que son las principales transformaciones que Aída Cartagena Portalatín realiza al mito clásico de Electra?
Como ya dije en mi respuesta la pregunta anterior, lo que hace la Cartagena Portalatín con el complejo de Electra en su novela no se trata de una “transformación” del mito clásico ni se acoge a la teoría psicoanalítica de Carl G. Jung (y no de Freud, quien se centró en lo que él mismo llamó el complejo de Edipo), sino que se relaciona con los resultados de las investigaciones antropológicas de Bronislaw Malinowski.
Es cierto, no obstante, que el personaje llamado Helena (que hasta cierto punto funciona como el avatar de la autora) dice casi al principio de su novela: “Como un tiento, mi Electra es la de Eurípides” (p. 7). Pero eso no debe tomarse como una autorización para afirmar que la novela “reescribe” o “transforma” la tragedia de Esquilo. Quienes así hacen pierde de vista la primera parte de esa declaración, la cual dice: “Como un tiento”.
De todos modos, en lo que se refiere al relato mismo, es decir, a la historia contada, puede decirse que el relato de Swain no presenta muchas variaciones respecto al mito clásico de Electra: así como Orestes, hermano de Clitemnestra, hizo con Agamenón, Ramón César, hermano de Swain, asesinó a Plácido, el padre de Swain. A su madre, sin embargo, Swain no la matará. Corrijo: aunque su muerte se debió a un accidente, implicó por su fenomenología voluntad de asesinato por negligencia de parte de Swain. Tipificado desde el punto de vista penal, este acto se califica en algunas sociedades como negación de ayuda a una persona en peligro.
Rosaura, embarazada de varios meses de un hijo de Ernesto, el médico con quien ella pensaba casarse luego de la muerte de Plácido, tropieza y cae, sangrante al suelo. Varias veces había intentado Swain sonsacar al pretendiente de su madre sin ningún resultado. En el relato, Swain odiaba a Ernesto por haberse constituido en el centro de interés de su madre, y a Rosaura por no haberle prestado nunca tanto interés como a Plácido y ahora a Ernesto. Ese odio, sin embargo, estaba hecho de deseo reprimido. Según la narradora: "El médico y su padre se le identificaban demasiado: se le confundían en medio de una lucha erótica; la única lucha que impulsaba a Swain. El único interés que la movía; es como mi padre: alto; viril; ardiente, etc., etc." (p. 169). Es, pues, esta “explicación” de la misma narradora la que la acerca a la que Pertti Perto ofrece de las investigaciones de Malinowski en la cita que ella misma había colocado antes.
Desde su perspectiva, ¿qué significado adquieren esas transformaciones dentro del contexto de la narrativa dominicana?
Espero que no se moleste si le digo que esta pregunta me parece mal formulada. Tal vez quiere decir “¿qué significado adquieren esas transformaciones en el contexto de la narrativa de Aida Cartagena?”, pero incluso si fuese así, no me parecería posible responderla, debido a que, si por “esas transformaciones” se refiere a las que mencionaba en su pregunta anterior relativas al mito de Electra, está más que claro que esa obra es un caso único en la narrativa de Aida Cartagena. No obstante, para ganar tiempo, puedo decirle que en la historia de la narrativa dominicana se observan varias líneas de escritura narrativa que toman como hipertexto obras pertenecientes a la tradición. Este es el caso de varios de los cuentos de Virgilio Díaz Grullón o de Diógenes Valdez podrían mencionarse como ejemplos de reinterpretaciones o “transformaciones” de mitos, aunque ninguno, de estos autores hasta donde tengo conocimiento, llegó al punto de indicarlo en el título de sus textos. También están, por otra parte, las llamadas “novelas bíblicas”, entre las cuales destacan El testimonio (1961), Ramón Emilio Reyes con; El buen ladrón (1960) y Judas (1962), de Marcio Veloz Maggiolo, y Magdalena (1964), de Carlos Esteban Deive. Entre las novelas dominicanas más o menos vinculadas con la reescritura de mitos se pueden citar obras como Goeíza (1980), de Manuel Mora Serrano, El reino de Mandinga, de Ricardo Rivera Aybar (1985).
¿Qué aspectos de Escalera para Electra considera que han sido poco estudiados o merecen mayor atención por parte de la crítica?
El único tipo de “crítica” que considero importante es aquella que se produce en el ámbito académico, es decir, en la Universidad. Las demás son opiniones, y casi nunca revisten mayor importancia que la de ser eso mismo: simples opiniones. Ahora bien, hace años que la Universidad dominicana y yo nos tratamos con la más cordial de las indiferencias, y por eso, considero que esta pregunta debería responderla otra persona que esté mejor informada que yo acerca de lo que merece o no merece mayor atención por parte de la crítica.
¿Desea agregar algún comentario o reflexión que considere relevante para comprender la reinterpretación del mito de Electra en Escalera para Electra?
Estimo que ya he respondido esta pregunta de manera suficiente en este mismo cuestionario.
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