Por María Hichez y Roberto Rodríguez
1) Desde su valoración personal, ¿cómo definiría a Juan Bosch? ¿tuvo la oportunidad de conocer al hombre detrás del escritor?
Juan Bosch era un hombre que amaba a su pueblo. Él sentía una especial distinción por la realidad material de nuestro pueblo. Y por eso dedicó su talento y su vocación social a servir, o mejor dicho, a contribuir a que el pueblo saliera de su atraso, de su atraso material, de su atraso intelectual y desde luego de su miseria.
Realmente, tuve la oportunidad de conocer a Juan Bosch y darme cuenta de la grandeza humana que había en el hombre detrás del escritor. Por eso lo admiré y he valorado esa gran obra que él hizo desde el punto de vista social, histórico, económico, político y cultural a favor de nuestro pueblo.
2) ¿Piensa que la narrativa de Bosch constituye una forma de expresión en donde habitan la resistencia y la crítica de las problemáticas políticas y sociales que imperaban en su tiempo?
Sin lugar a dudas. En la época en que Bosch surge al escenario literario, el país padecía el terror oficial, la censura y la opresión de la dictadura de Trujillo. Para un creador con su sensibilidad, la literatura se convirtió en el único camino factible para recoger y expresar la frustración, la insatisfacción colectiva y la miseria de los indefensos hijos del pueblo. Su obra es una contundente narrativa de denuncia y crítica social contra el inveterado comportamiento de resolver disputas en la manigua cruenta, contra la costumbre nacional de usufructuar el Poder como un botín (la "tajada de la res") y contra la violencia armada e injusticias de los caciques tradicionales.
3) ¿La experiencia del exilio enriqueció la producción literaria de Juan Bosch? ¿Por qué?
Sí, el exilio enriqueció la producción literaria de Juan Bosch al transformar su obra de un costumbrismo local a una narrativa de alcance panamericano. Durante sus más de veinte años fuera de la República Dominicana (1938-1961), residiendo en países como Cuba, Venezuela y Costa Rica, Bosch expandió sus horizontes temáticos, captando las luchas y la identidad de toda América Latina.
Esta etapa propició la madurez de su técnica narrativa, dando vida a sus colecciones más universales: Cuentos escritos en el exilio y Más cuentos escritos en el exilio, donde demostró un dominio magistral de la estructura y la tensión dramática del relato corto. Asimismo, el contacto con otras realidades agudizó su pensamiento político y social, lo que dotó a su escritura de una honda carga crítica y sentó las bases para sus posteriores ensayos históricos y sociológicos.
Finalmente, el exilio le otorgó una plataforma internacional inaccesible bajo la dictadura de Trujillo. Al relacionarse con la vanguardia intelectual del continente, su obra fue editada y celebrada en toda la región, consolidándolo como uno de los grandes maestros del cuento hispanoamericano del siglo XX. El destierro desraizó al hombre, pero universalizó al escritor.
4) Como conocedor de su narrativa, ¿qué piensa acerca de la forma en la que Bosch construía sus cuentos y novelas, es decir, su técnica?
Bosch exhibe una extraordinaria maestría literaria. En la estructura de sus obras utiliza con gran acierto técnicas como la anticipación o prolepsis para sembrar las amenazas y tensiones antes de que ocurran los hechos. Maneja una hábil estrategia narrativa; por ejemplo, en La Mañosa sitúa al niño-narrador en una condición de reclusión por enfermedad, lo que le permite ser un testigo privilegiado que lo capta todo desde el hogar. Asimismo, da paso hábilmente a los testimonios orales de los mayores para completar la trama, recurre a formas folklóricas y tradicionales de contar (como la repetición de términos para denotar intensidad o distancia) y utiliza el procedimiento enumerativo del antiguo contar. Todo esto lo combina con una esmerada elaboración estética del lenguaje y la humanización de las imágenes.
5) En sus narraciones, ¿Bosch describe todos los detalles de forma explícita o deja espacio a insinuaciones y silencios que deben ser interpretados por el lector?
Bosch combina una descripción realista y precisa de detalles ligados a las luchas del pasado con sutiles insinuaciones y recursos indirectos. Un ejemplo clave de esto es el uso de los rumores ("se oía", "se sabía", "se decía") como el hilo conductor que teje el relato entero; la trama se forja a través de las reacciones ante las expectativas y decires de la gente más que por los hechos efectivos mismos. Además, siembra sutilmente ideas críticas sobre la honestidad y la política, y mitiga la gravedad de la guerra mediante la elaboración estética y metafórica del lenguaje. Su narrativa posee una profunda dimensión simbólica y parabólica que invita al lector moderno a realizar interpretaciones sociopolíticas vigentes.
6) Como sabemos, el lenguaje popular es una característica constante en muchas de las obras de Bosch. ¿Qué importancia cree que tenía para Bosch reflejar la manera de hablar del pueblo dominicano?
Es de una importancia fundamental, pues es coherente con su enfoque sociorrealista y criollista. Al registrar minuciosamente los giros elocutivos, las variantes dialectales regionales y el nivel sociocultural popular de sus personajes, Bosch logra una sintonía perfecta con la vida del campo y la idiosincrasia del campesino dominicano. Este uso del habla vulgar no solo tipifica el entorno rural y aporta fidelidad y frescura fotográfica al relato, sino que arraiga la obra en la cultura viva y en el "salero natural" de los narradores del pueblo.
7) ¿Considera que La Mañosa es la obra más representativa de Juan Bosch? ¿Por qué?
La Mañosa es calificada como una impresionante novela y una de las obras más importantes de la ficción montonera. Es representativa porque reitera e inmortaliza sus dotes de gran observador social bajo un contundente sociorrealismo.
8) ¿Qué elementos de La Mañosa considera que han contribuido a que esta obra siga siendo objeto de estudio dentro de la literatura dominicana?
Para mí ha sido la expresión a través de los datos de los conflictos, de los datos reflejados en los conflictos sociales los que de alguna manera reclamaron la atención de su talento para, en primer lugar, describir lo que era la realidad social de su época, como efectivamente la describió, porque él conoció a su pueblo. Él vivió en las entrañas de su pueblo. Él se dedicó a conocer y ponderar las características del pueblo dominicano, y las plasmó en La mañosa, y también en los cuentos, y en los ensayos que escribió sobre nuestra historia.
De manera que Juan Bosch es aún el más grande escritor que ha parido esta tierra, esta tierra dominicana.
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Bruno Rosario Candelier nació en Moca, República Dominicana el 6 de octubre de 1941. Es el creador del interiorismo ―movimiento literario―. Es licenciado en Educación por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Obtuvo diplomas de Periodismo por la Difusora Panamericana de Nueva York; de Filología Española, por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid, y de investigador lingüístico y profesor de Lengua y Literatura, por el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid. Es miembro correspondiente de las academias Española, Norteamericana, Filipina y Puertorriqueña de la lengua española.
Dirigió el suplemento cultural Coloquio del periódico El Siglo y presidió la Asociación Nacional de Críticos Literarios en la capital dominicana. Además, coordinó el sector cultural como subsecretario de Educación y fue director general de Bellas Artes. Ejerció la docencia en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Ha participado como ponente en congresos de academias, universidades y ateneos en diferentes partes del mundo y ha sido jurado en certámenes literarios nacionales e internacionales, como el Premio Cervantes de España. Es presidente del Ateneo Insular Internacional.
Por su labor cultural, lingüística y literaria ha recibido diversas distinciones, entre ellas el Premio del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid por Lo popular y lo culto en la poesía dominicana; el Premio Siboney de Ensayo por La imaginación insular (1983) y La creación mitopoética (1985); el Premio Nacional de Ensayo por Tendencias de la novela dominicana (1988); el Caonabo de Oro (1999) de la Asociación Dominicana de Escritores y Periodistas; la Medalla al Mérito Literario del Ateneo Amantes de la Luz de Santiago; el Premio Eugenio Deschamps de la Alianza Cibaeña de Santiago, y en 2008 se le concedió el Premio Nacional de Literatura. En 2010 el Estado dominicano le otorgó la distinción de Activo Cultural de la Nación.
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